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  • Simón Avilés y Karol Barboza convierten en canción la fuerza natural del cerro Chirripó

    Simón Avilés y Karol Barboza convierten en canción la fuerza natural del cerro Chirripó

    El cancionista costarricense Simón Avilés junto a Karol Barboza estrenarán el próximo 24 de agosto su nuevo sencillo, “Chirripó”, una pieza inspirada en la fuerza natural, el valor ecosistémico y el carácter espiritual de la montaña más alta de Costa Rica. El lanzamiento coincidirá con el Día de los Parques Nacionales

    Una canción nacida de la montaña

    “Chirripó” fue escrita en enero de 2026 a partir de la experiencia personal de Avilés con este territorio. Para el artista, la montaña representa una posibilidad de conexión con algo que trasciende lo cotidiano y que combina naturaleza, geología y espiritualidad.

    “Desde la primera vez que fui al Chirripó, sentí una conexión con algo más grande que yo. Algo profundo”

    Explica Avilés.

    Su intención fue acercarse al lugar desde el respeto y plasmar en la canción algunos de los elementos que forman parte de su paisaje: el viento, la piedra, el musgo, el páramo y, especialmente, el agua.

    El nombre Chirripó proviene de la lengua cabécar. Aunque su significado literal no está determinado, se le atribuye la expresión “Tierra de las Aguas Eternas”. En este territorio nacen 16 ríos con nombre, se alimentan ocho cuencas hidrológicas y existen más de 110 humedales de origen glaciar, elementos que también forman parte del universo de la canción.

    Un paisaje que cada persona puede interpretar

    Avilés no busca imponer una única lectura sobre el Chirripó. La canción pretende describir el territorio y abrir un espacio para que cada persona pueda relacionarse con él desde su propia experiencia.

    “Para algunas personas es el punto más alto del país; para otras, un lugar de profundo valor espiritual, personal y natural. Así que busqué describirlo con respeto para que cada quien pueda conectar a su manera”

    Señala el músico.

    Esta mirada también está presente en la colaboración con Karol Barboza, a quien Avilés invitó por la relación entre su propuesta artística y el carácter paisajístico y contemplativo de la canción.

    Barboza, cantautora y multiinstrumentista con ocho años de trayectoria como solista, es originaria de Pérez Zeledón, una región estrechamente vinculada con el Parque Nacional Chirripó. Además de su interpretación vocal, colaboró en el arreglo de las voces del sencillo.

    La primera producción de Casa Canción

    “Chirripó” representa también un nuevo paso en el trabajo de producción de Simón Avilés, ya que se trata de la primera canción producida y arreglada desde su estudio Casa Canción.

    Las voces principales fueron registradas por Manuel Murillo, quien también estuvo a cargo de la mezcla y masterización del sencillo.

    “Chirripó” estará disponible en plataformas digitales a partir del 24 de agosto de 2026, coincidiendo con una fecha dedicada a reconocer y proteger los espacios naturales que forman parte del patrimonio costarricense.

    Con una canción construida alrededor del paisaje, el agua y la relación espiritual con la montaña, Simón Avilés propone escuchar el Chirripó desde otra perspectiva: no solamente como el punto más alto de Costa Rica, sino como un territorio vivo que también puede convertirse en música.

  • Canciones Mínimas: Una casa y un par de ojos

    Canciones Mínimas: Una casa y un par de ojos

    El laboratorio de la canción puede ser una colección de relatos. El LP debut de Simón Avilés, músico y productor audiovisual costarricense, nos invita a tropezarnos en la grieta donde vive una historia mínima.

    Una zancadilla para las fórmulas

    (el silencio de esta casa, avión de papel, autodidactas)

    Empiezo esta expedición con lupa y binoculares en mano. Con un café me siento en mi oficina y contemplo mi casa: el crujido de la madera, las golondrinas revoloteando, el ladrido de algún can vecino a lo lejos. Inicia la canción 1 y me hago diminuta. Entro en una mini nave espacial que vuela entre estas paredes de bambú. Y de pronto amo y extraño y me acuerdo de todas las casas que habité y me fui. De todas las personas que amé. Todas las veces que me he despedido. Y con otro tamaño de mi cuerpo y de mi ego pienso que ya no me interesa ser tan grande ni sabérmelas todas.

    Portada del Disco “Canciones Mínimas” de Simón Avilés

    El péndulo de la risa

    (amores imposibles, justo a tiempo, la mala canción)

    Para conocer de pies a cabeza el hogar propio hay que invertirse y ver el mundo bajo el mundo. El error es el milagro que necesitamos para reconocernos como humanos.

    La versión del fracaso, de la pérdida y la equivocación es el ying del yang. Esa es la voz en esta primera sección; una tregua para darse la mano y sacudir las prepotencias y frustraciones con humildad. Aquí me entregué al humor como hilo reparador de lo roto.

    El cancionista propone iluminar la otra cara de la moneda; el amor que nunca fue, la ruptura inevitable, la obra defectuosa. El fallo no es una carencia, es la prueba viviente del deseo. Es el riesgo de que si algo se parte también se multiplica.

    Tanto amores imposibles como justo a tiempo subvierten las lógicas modernas y fatalistas del desamor, estas piezas agradecen el desacierto como una oportunidad.

    La mala canción le hace cosquillas a la obsesión por el virtuosismo y la grandiosidad en el arte. Simón se reconoce como creador, no medallista de excelencias.

    (tamborileaba con mis dedos, de afuera hacia el centro)

    A este punto me sumergí en las aguas de la melancolía. También se vale el derroche como revelación. Cada quien decide sus anestesias. El dolor a veces puede ser tan insoportable que bajo el mar oscuro nos amortiguamos la cabeza. Pero tarde o temprano, salir a la superficie es el único camino hacia otra luz.

    Cuando escuché tamborileaba con mis dedos entré a ese barco hundido y embrujado en lo profundo del océano. Hallé mis manías, vicios y creencias bucle-limitantes que me atascan si solo apuesto por mentiras en mi ruleta. Pasa que la autenticidad parece un veneno si tenemos la mala costumbre de la farsa.

    Por eso de afuera hacia el centro devuelve el aire perdido. Probablemente uno de los mejores consejos que colecciona este disco llega en este tema:

    “Tal vez deba cerrar el recuento de los daños y empezar a escuchar abriendo bien las manos. El futuro es un pacto / es una casa que vamos a cuidar.”

    (Avilés, 2026)

    (canciones mínimas, solo es hoy)

    Parte fundamental de este juego de vivir es la crudeza. Tallar la verdad como un ebanista talla su obra. Sin adornos. Sentir y hablar en crudo. Después de tanto vivir en el líquido de alguna pena hay que respirar con el recordatorio más simple, más sencillo, más honesto.

    El destiempo es un encuentro

    En una sociedad que pretende el “desapego” como un engaño hiperindividualista que siempre olvida para no cargar , Simón apuesta por ser el niño que guarda sus tesoros en una cajita bajo la cama. Y cuando la abre, abre su riqueza para el mundo. Avilés entendió la verdadera grandeza contemplándose microscópico ante la inmensidad.

    Este disco nos regala una mirada bufona; un juego de caminar la canción como una hormiguita laboriosa y risueña. Lejos de la excentricidad, Canciones mínimas nos enfoca otra forma de protagonizar la vida. Es un viaje de aceptación en el que la historia permanece si somos suficientemente valientes para resguardar las crónicas minúsculas que, como las estrellas, juntas hacen una constelación extraordinaria.

    Así, si alguien se pierde en el cielo nocturno aprenderá a mapear el camino de regreso a casa.

    Atentamente,

    Alelí