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  • Marco Benevento encuentra en “Miss Neptune” un punto de encuentro entre reggae, jazz y cine

    Marco Benevento encuentra en “Miss Neptune” un punto de encuentro entre reggae, jazz y cine

    El arpa de Elizabeth Steiner no suele ser el instrumento que uno espera encontrar al centro de una pieza con raíces reggae. En “Miss Neptune”, sin embargo, ese encuentro funciona como una de las decisiones que le dan identidad a la canción: sus riffs se entrelazan con los teclados de Marco Benevento mientras la batería y el bajo de Nick Movshon mantienen un pulso relajado y constante.

    Ahora, Benevento comparte “Miss Neptune (Live at Diamond Mine)”, una nueva versión registrada en Diamond Mine Studio que permite escuchar esa interacción con otra cercanía. La interpretación conserva el groove profundo de la grabación original, pero deja más espacio para percibir cómo los instrumentos se responden y modifican el movimiento de la pieza mientras avanzan.

    El lanzamiento llega como parte de la etapa de presentación de Glera, el álbum debut de Benevento con Big Crown Records, un proyecto que tomó tres años de composición y terminó reuniendo algunas de las inquietudes musicales más amplias del tecladista.

    Un groove donde cada instrumento tiene algo que decir

    Coproducida por Nick Movshon, “Miss Neptune” está construida sobre una base rítmica sencilla en apariencia, pero llena de pequeños desplazamientos. Movshon se encarga además del bajo y la batería, formando una sección que no busca dominar la canción, sino darle suficiente espacio para que Benevento y Steiner desarrollen la conversación entre teclados y arpa.

    El resultado tiene una cualidad envolvente que viene precisamente de esa repetición con variaciones. El groove permanece estable mientras las capas superiores cambian de lugar, creando una sensación casi circular.

    En la versión grabada en Diamond Mine Studio esa dinámica se vuelve todavía más evidente. Al tratarse de una interpretación en vivo, la canción adquiere una dimensión más física: se puede seguir el intercambio entre los músicos y la manera en que la pieza se sostiene sobre la química del grupo.

    De las bandas sonoras italianas al reggae, el jazz y el soul

    “Miss Neptune” también sirve para entender por qué Glera resulta difícil de encerrar en un solo género.

    El álbum comenzó a partir de un ejercicio de composición inspirado en las bandas sonoras del cine italiano y en el peso de la melodía. Esa idea fue creciendo durante tres años hasta incorporar reggae, jazz, soul, arreglos orquestales y atmósferas de psych-pop.

    Benevento recorre ese mapa con colaboradores como Dream Crease, Chiara Civello, Molly Lewis y Marianne Mirage, además de músicos como Leon Michels, Hether, Dave Guy, Homer Steinweiss, Elizabeth Steiner, Lee Falco, 13th Ward Social Club y Nick Movshon.

    Cada colaboración abre una puerta distinta. “Frizzante” se mueve desde otra energía; “Turandot”, junto a Marianne Mirage, apuesta por un dramatismo más elegante; “Big Top” juega con el llamado circus funk; “Houdini” se acerca al jazz-fusión; mientras “I Can’t Control This Bliss”, con Dream Crease, se instala en terrenos de dream pop.

    “Miss Neptune” encuentra su propio lugar desde el reggae, pero no como una reproducción de sus códigos más reconocibles. Benevento lo utiliza como punto de partida para construir una pieza donde el ritmo y las texturas tienen tanto peso como la melodía.

    La otra cara de Glera

    Escuchar “Miss Neptune” en vivo permite volver a Glera desde una perspectiva diferente. El álbum puede presentar una producción amplia, con múltiples instrumentos, voces y referencias, pero esta sesión reduce el foco a la relación entre quienes están tocando.

    Ahí aparece una faceta especialmente interesante de Benevento: la de un músico que puede partir de una idea concreta y dejar que esta se transforme al entrar en contacto con otros intérpretes.

    En Diamond Mine Studio, “Miss Neptune” no necesita demasiados adornos para funcionar. El bajo marca el camino, la batería sostiene el paso, los teclados abren espacios y el arpa los recorre. La canción simplemente se mueve.

    Y quizás esa sea una de las mejores formas de acercarse a Glera: siguiendo el hilo que conecta esas canciones. La curiosidad de Benevento por descubrir qué puede ocurrir cuando diferentes sonidos comparten el mismo espacio.